Varios integrantes de uno de nuestros asociados, Óptica Pinto Visión, viajaron la pasada Semana Santa a los campamentos de refugiados de Smara, en territorio argelino, para hacer entrega de un pequeño paquete que ha devuelto la visión y las ganas de vivir a muchos de los habitantes de dicho campamento. Cuatro días que., tal y como nos relatan a continuación esos mismos integrantes, perdurarán mucho tiempo en sus corazones…
Juan Moreno, gerente de la Óptica Pinto Visión, junto con sus compañeros Marisol, Ignacio y Raquel, decidieron acometer un plan distinto en la pasada Semana Santa: visitar el campamento de refugiados de Smara, situado en Argelia, en el que sobreviven miles de saharauis. Algunos de sus hijos viajarán este verano para pasar unos días a Pinto, y qué mejor ocasión para conocer su historia de verdad, sin medios de comunicación de por medio. La realidad con sus propios ojos.

La visión nada más llegar no puede ser más desoladora: una interminable alfombra de tiendas de campaña proporcionadas por ACNUR, a las que se añade una pequeña construcción de adobe que hace las veces de cocina, son el techo de miles de personas desplazadas de su tierra; poblaciones compuestas por mujeres y niños principalmente, pues los hombres están movilizados en las zonas liberadas. Eso los que tienen suerte; otra parte de la población civil, como eternos errantes, van de un lado para otro.
Tras muchos años de exilio, los primeros realmente duros por las condiciones climáticas y la carencia de alimentos y medicinas, la firme voluntad del pueblo saharaui de sobrevivir y seguir luchando ha hecho posible la construcción de talleres, huertos, hospitales y escuelas. Una esperanza para que este pueblo pueda resistir la ya demasiado larga espera para solucionar un conflicto que dura décadas.
Juan, Marisol, Raquel e Ignacio, como representantes de la Asociación ‘Pinto con el Sáhara’, llevaron en su equipaje abundante material óptico, y durante los cuatros días que duró su estancia en Smara pudieron realizar una gran labor entre los habitantes del campamento. Cuatro cajas de gafas graduadas ―en total unas 3.000― y una caja de gafas de sol ―cerca de 500―, que se repartieron entre los niños de la escuela, provocaron escenas de alegría y de felicidad que se repitieron un día tras otro; caras de ilusión de niños y mayores al volver a ver, o simplemente al volver a escuchar con nitidez por unos oídos que hace tiempo dejaron de percibir con nitidez palabras, llantos y emociones.
Cuatro días intensos en los que los cuatro integrantes de la asociación pasaron consulta en el hospital o visitaron la escuela de niños; cuatro días disfrutando de la hospitalidad del pueblo saharaui; cuatro días para soñar despiertos; cuatro días para devolver la visión a quienes desean ver su tierra tal y como la soñaron, los menos, o como la recuerdan, los más.



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