Verano. Playa, piscina o terraza. Amigos, cervecita por aquí, refresco por allá… Y un aperitivo. ¡La perdición! Ya verás a la vuelta de las vacaciones el sufrimiento que te espera para bajar todo lo subido. ¿Seguro? Si sigues unas determinadas pautas no tendrás por qué sufrir a la vuelta de vacaciones.
El picoteo. La tragedia. El miedo a picar antes de una comida, cena o entre horas por miedo a engordar. Eso lo que tienen las vacaciones, te relajas y ¡zas! Te da miedo acercarte a una báscula con tal de no llevarte un sofocón. Pues no. Las cosas con mesura, mejores son, y puedes comer de todo y regalarte un descanso en vacaciones siempre que hagas las cosas con cabeza y comas con sentido.
Por ejemplo, ¿sabías que muchos expertos sostienen que el aperitivo puede formar parte de una alimentación variada, equilibrada y moderada, o que incluso te puede ayudar a mantener a raya el peso durante las vacaciones? ¿A qué se deben estas palabras que en tus oídos suenan a música celestial? Ahí van unos consejos:
- Si eres activo/a y llevas una alimentación equilibrada durante el tiempo normal puedes permitirte algún que otro capricho en forma de aperitivo.
- La vida social forma parte de la dieta mediterránea y es muy saludable. ¿O acaso no sabías que acumulas más calorías si te quedas en casa o tumbado/a en la piscina tomándote unas galletitas o un panecillo?
- De todas formas, evita en la medida de lo posible fritos y los aperitivos con grasas, especialmente los que llevan salsas como la mayonesa. En su lugar, apuesta por alimentos más proteicos como el pulpo, los encurtidos ―pepinillos, cebolletas…―, mariscos al vapor o a la plancha, o incluso las mismas aceitunas, que aunque tienen más calorías tampoco son un drama y te aportan ácido oleico, que es beneficios para el corazón, o vitamina E y polifenoles, entre otros beneficios. Y qué decir del jamón…
- Para acompañar la tapa escoge una bebida poco calórica, como los refrescos light y la cerveza sin alcohol. Aunque si te pirra la cerveza, un truco para quitarle calorías es mezclarla con gaseosa ―nunca con un refresco de limón― y añadir mucho hielo. Y lo más importante de todo: no salgas nunca de casa con sed. Así luego tomarás en el bar lo que realmente te apetezca.
Verás como cuando regreses de vacaciones el susto delante de la báscula, si lo hay, será mínimo. Y si te pasas un pelín, acude a un profesional. Es quien más sabe cómo estás.

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