
La dependencia de lentillas y gafas es algo que, cada vez más, está de capa caída. Y es que, en las alturas del siglo XXI en las que nos encontramos, se puede decir que hay remedio para casi todo en esta vida.
El láser es un dispositivo que se está utilizando para muchos tratamientos médicos, entre otros, para eliminar los problemas oculares tales como la miopía, hipermetropía y astigmatismo y decir adiós a lentillas y gafas. Y desde hace unos años ya, la presbicia o vista cansada también se puede operar.
El requisito fundamental para ser operado, es que el proceso de crecimiento del ojo se haya terminado y esté totalmente estable, por lo que no se aconseja realizarlo antes de los 18-20 años. No obstante, todos los pacientes susceptibles de dicha operación, tendrán que pasar por unas pruebas diagnósticas que indiquen si es apto o no para pasar por quirófano.
En estas pruebas se evalúan todas las estructuras del globo ocular, analizando si la córnea tiene un espesor suficiente para ser intervenido con esta técnica, si el estado de la retina es el adecuado, así como el cristalino y nervio óptico, para descartar cualquier anomalía.
Especialmente está contraindicado para mujeres embarazadas o en período de lactancia y para pacientes con una córnea alterada o queratocono.
Siempre nos preguntamos si puede ser que una operación de este tipo salga mal y si existen riesgos para nuestra salud visual. Pues bien, según los expertos es una operación muy segura que no conlleva grandes riesgos asociados. Existe la posibilidad de que se pueda producir alguna infección en caso de que las pautas del post operatorio no se sigan con rigor (frotarse, maquillarse, etc.)
La tipología más utilizada hoy en día es la técnica lásik, existiendo alternativas o complementos para problemas como córneas demasiado finas y, para problemas de graduaciones demasiado altas, utilizando lentes de cámara anterior o lente intraocular.
Se trata de una operación sencilla que no requiere de ingreso hospitalario, ya que se realiza de forma ambulante en unos pocos minutos.
Gracias a esta técnica la recuperación es muy rápida y la operación es sencilla e indolora.
La operación en sí se basa en el levantamiento de una parte muy fina de la córnea para aplicar el láser en la capa intermedia, pudiendo moldear su forma, dependiendo de la dolencia que haya que operar. Una vez aplicado el láser, se vuelve a colocar esta fina capa de la córnea en su sitio y a cicatrizarse por sí sola, sin necesidad de dar puntos.
La recuperación se hace en la clínica, teniendo que descansar en una sala de recuperación durante aproximadamente treinta minutos antes de abandonar la clínica.
Durante las primeras horas es normal que el paciente presente síntomas de escozor o lagrimeo, pero al cabo de unas pocas horas notará la recuperación visual sin depender de gafas ni lentillas.
España está a la cabeza en cuanto a operaciones oculares de este tipo, superando ya las 250.000 intervenciones.
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