La tartamudez se caracteriza por las interrupciones en la producción de los sonidos del habla, llamadas disritmias o disfluencias. El tartamudo no tiene problema con las palabras, sino con las letras, pero lo que se produce son la repetición de alguna palabra, prolongación de los sonidos o interjecciones insertadas; o bien sonidos sin ningún significado, como “mmm”, “ehhh”.
La tartamudez, cuando es grave, produce restricciones de participación en la vida social, por el efecto que produce en los interlocutores, a veces risa, a veces incomodidad y, en los casos más graves, evitación.
Una de las cosas más importantes para el tartamudo es cómo comportarse con él. Los interlocutores a veces se impacientan, le sugieren palabras o terminan sus oraciones. Sin embargo, esto hace que la persona tartamuda sienta mayor presión para hablar y puede producir mayor bloqueo. Lo mejor es comportarse con la misma o mayor naturalidad y respeto que se daría en el caso del habla normal. Cuando hay mucha confianza, se le puede preguntar sobre cómo quiere que se comporten cuando tartamudea. Lo peor para el tartamudo es que se le diga que se relaje, por ejemplo, porque se le transmite que no tartamudear es algo sencillo para él, y no es así.
La tartamudez es un defecto que debe ser diagnosticado por un logopeda, un profesional en el tema del habla. El logopeda evaluará si, según el número y tipo de disritmias en las diferentes situaciones, se puede considerar que se padece de tartamudez. El tratamiento en el caso de tartamudez tiene una duración en el tiempo y dista mucho de ser automático.
Algunos tratamientos pasan por modificar poco a poco el ritmo del habla, haciéndolo más lento, por ejemplo, para que se logre poco a poco la fluidez perdida. Otros ejercicios como los de control de la respiración, ejercicios vocales o cantar (tradicionalmente uno de los ejercicios que se han usado), también se han revelado eficaces. Las técnicas de relajación (no en el momento del habla) en casa, a horas determinadas, también pueden servir. No porque incidan directamente en el habla, sino porque a menudo el nerviosismo empeora la situación de la tartamudez.
Entre los ejercicios para hacer en casa, te dejamos aquí una muestra.
Normalmente, la tartamudez no se supera del todo y puede haber momentos de recaída en que haya que hacer alguna sesión más de control, pero la mejora que se experimenta con la ayuda de un profesional es enorme.
Si padeces este defecto, no dejes que interfiera en tu calidad de vida. Habla con un especialista y empieza a superarlo cuanto antes.
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